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Dos discos en menos de un año y decenas de shows, la banda que no necesita hits para tocar el cielo con las manos

11/04/2026



Bajo un cielo de abril, los incansables Winona Riders, la banda que desde la escena alternativa empezó a brillar como una gran novedad en el firmamento del rock, sacaron un nuevo disco: 0%. Se trata del segundo en menos de un año y luego de presentarse decenas de veces en escenarios de todo tamaño, color y presión atmosférica tanto en la Argentina como en Europa. Lo de “bajo un cielo de abril” no solo significa una licencia poética, sino también una definición. El sonido que profundizan aún más en el nuevo álbum remite al icónico “April Sky” -Darklands- de la banda escocesa Jesus & Mary Chain, que a fines de los ochenta y principios de los noventa marcó el pulso mundial para un segmento de bandas con aspiraciones artísticas, guitarreras y ruidistas. La aclaración que parecería, a primera vista, socavar o reducir a Winona Riders, al contrario, los eleva aún más, porque nadie como ellos llevaron tan lejos en idioma español y con tanta autenticidad lo que los escoceses empezaron a delinear hace 35 años. Ni sus padres de aquel malogrado “Nuevo rock argentino”, que con buenas intenciones impulsó y homenajeó Soda Stereo en Dynamo, pudieron destilar con tanta pureza canciones como las de 0%. Winona Riders son una atractiva rareza que no necesita de hits de tres minutos, sexualizar sus letras, esconderse detrás de grandes escenografías o inundar las redes de reels graciosos para crecer en convocatoria, atención, curiosidad y haters. Y si el cálculo en su carrera existe -¿qué dudas caben?- no es el acostumbrado: sus recitales pueden durar hasta tres horas, con dos baterías en escena y dividido en dos partes de rock guitarrero y techno trash. Ascienden a contramano de lo que recomendaría un director de marketing y lo exponen en sus letras contra la “industria” y la realidad social y económica. Hiperbolizan el discurso disidente, mantienen el misterio en su imagen, exponen mucha actividad analógica dentro del espacio digital y bombardean con sorpresas en vivo (el fuerte del grupo). Digresión: todo esto sucede mientras Spotify se pregunta de manera cándida “¿Qué es el underground?” en su última campaña publicitaria callejera. “El rock and roll está matando mi rock & roll”, declaman en el tema homónimo. El tono de la voz de Ariel Mirabal Nigrelli suena lánguida, arrastrada, un tono zumbón que deja caer frases mordaces y críticas. Las letras, históricamente defectuosas en el rock sónico, emergen como uno de los puntos fuertes de 0%, tal como ya había empezado a insinuarse en Quiero que lo que yo te diga sea un arma en tu arsenal (2025). “No es un hit es una declaración, saturando en medio de la depresión… queremos más pero no es suficiente”, exclaman en “Nuevos hechos emergen”.El disco cuenta con 13 temas de títulos sugerentes, provocativos y autorreferenciales como “Winona bootlegs” a raíz de los posteos de la banda en Instagram. O “Yo no disparo. Yo soy la bala”, una alegoría altanera de ocho minutos y medio.En todo Winona Riders hay una cuota de caradurez bastante explícita que, efectivamente, despierta a los haters de todo pelaje. Sobre todo a los cincuentones cancerberos del sonido británico de los ochenta, que se frotan las manos detectando parecidos, copias o influencias. Como respuesta, la banda del Oeste sigue adelante con Jesus & Mary Chain, Spacemen 3 y Ride en su mochila sin complejos mientras llueven las piedras por un lado y aumenta la admiración por el otro. Ocurre que su generación, entre los 20 y los 30, los acompaña como un ejército fascinado justamente por esas influencias y porque suenan auténticos. El interrogante se plantea casi solo: si hay tantas bandas emulando de manera rampante a los Rolling Stones: ¿por qué hay que crucificar a alguien que toma otras referencias? El resurgimiento de los neorolingas parece algo legal en el rock argentino, mientras que lo de Winona Riders es intolerable, una herejía. Vale preguntarse si ese mecanismo pasaría un test de hipocresía. En la tradición del rock argentino siempre estuvo bien visto mantener una saludable distancia de las influencias, un detalle que en España se pasaron por alto y muchas bandas aparecieron como clones del rock anglosajón. En perspectiva, España tuvo una producción de pop enorme, variada, y a la larga impuso el relato de su cultura rock, sus voces plurales, a fuerza de cantidad y desprejuicio estilístico. En la Argentina, en cambio, la vara parece ubicarse demasiado alta, aunque según de quién se trate, porque el disco más escuchado en las plataformas es Rocanroles sin destino de Callejeros. “Volviendo del trabajo me doy cuenta que esta todo mal. Estoy cansado y solo quiero tocar mirando el piso escuchando Jesus and Mary Chain. Los días me ahogan y el ruido me salva”, confiesan sin tabúes en “Sucios para jugar”, del disco del año pasado. Y agregan en “Mi radar”, del mismo álbum: “Te dicen que hay que salvar el rock and roll. Nadie quiere pagar la resurrección. Reviso mi chaqueta de corderoy. No tengo plata solo ambición”.No hay consejos para dar ni condenas para hacer sobre WN. Las canciones siguen brotando del manantial y las expectativas que se generan a su alrededor son de los otros, no de ellos. 0% está ahí ya disponible en las plataformas para disfrutar sin prevenciones. Y, sobre todo, en paz y generosidad con las nuevas generaciones que mantienen la llama encendida.

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