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Boca escuchó aplausos en el final, que tuvieron más de premio por el resultado que de felicitación por el juego

02/02/2026



En la noche en que Boca buscaba dar vuelta la página tras la derrota con Estudiantes para reconciliarse con el triunfo y con su gente, también con la ilusión renovada que traen los debuts y esa energía particular que despiertan los juveniles, el camino le ofreció al rival ideal. La Bombonera fue a ver ganar a Boca y el conjunto dirigido por Claudio Úbeda respondió con un 2 a 0 que lo dejó prendido en el Apertura. El resultado cumplió el objetivo, aunque otra vez el rendimiento quedó lejos de convencer y dejó una sensación agridulce.Tres semanas atrás, Boca había disputado su primer amistoso de pretemporada, ante Millonarios de Bogotá, sin un solo representante de las inferiores entre los concentrados. Esta vez, la urgencia obligó a Ubeda a citar a tres, y a confiar desde el arranque en dos de ellos: Iker Zufiaurre, que ya había sido titular ante el Pincha, y Gonzalo Gelini, que en ese partido había ingresado en el segundo tiempo.Más allá de esos cambios, Boca volvió a dar la sensación de ser un equipo armado con retazos: once jugadores lanzados a la cancha sin una idea que los guíe, ni un sistema que los contenga. El gol sintetizó ese desorden. Lautaro Blanco, lateral izquierdo, recuperó en el círculo central; Zeballos, extremo por esa banda, condujo por el centro; y otra vez Blanco, proyectado como un delantero más, definió como nueve ante el achique de Gabriel Arias.En el estreno de Santiago Ascacibar, Boca ganó presencia en su sector, pero no logró ensamblar un medio campo que combinara juego, equilibrio y sacrificio. El volante, que partió por derecha, en una función similar a la que venía cumpliendo Tomás Belmonte, merodeó el área y, aun con aciertos y errores, fue el jugador que más veces remató al arco en el primer tiempo: dos. También fue el único que intentó cambiar el ritmo, y romper la monotonía del juego. La ocasión más clara llegó tras una buena habilitación de Gelini, que con un pase filtrado lo dejó mano a mano con el arquero. Ander Herrera, por izquierda, no encontró su lugar. Paredes, correcto con la pelota, jugó demasiado a gusto en su “quintita”, custodiando el círculo central, y tampoco logró imponerse en los balones detenidos, ya que Boca apenas generó dos córners a lo largo de los 90 minutos.El Xeneize volvió a fallar donde más lo necesita: en la generación de juego. Ante un Newell’s apático, que respetó demasiado a un Boca golpeado y que apostó por dos delanteros con poco rodaje, la única variante ofensiva fueron las trepadas de Lautaro Blanco, aprovechando la espalda de Rodrigo Herrera y el flojo partido de Armando Méndez. La Lepra, que todavía no ganó en el torneo y arrancó la temporada comprometida con los promedios, casi no inquietó a Marchesin: apenas un centro cerrado desde la derecha que Herrera no logró cabecear con precisión.Como ante Riestra, Boca no necesitó jugar bien para ganar, aunque esta vez consiguió irse en ventaja al descanso, una diferencia clave para un equipo diezmado en ataque. Pese a la escasez de delanteros, Ubeda sostuvo el esquema con tres puntas aún sin un nueve natural: tres extremos, con Zufiaurre, el más versátil, ocupando el centro del ataque. El chico mostró entrega y buenas intenciones, pero le faltó presencia para imponerse en el área.En la segunda etapa, el ingreso de Ángel Romero le aportó a Boca experiencia y peso ofensivo, aunque el equipo siguió sin conectarse, más allá de alguna corajeada individual o de la pelota parada, favorecida por un Newell’s que cometió demasiadas infracciones cerca del área. Una, demasiado al límite: la de Saúl Salcedo a Romero, que primero fue sancionada afuera y luego, tras la revisión del VAR, terminó en penal y gol de Paredes.Lo mejor del partidoCon el paraguayo en la cancha, Boca dejó de jugar largo y de correr detrás del ritmo de sus delanteros para acomodarse a la cadencia de sus volantes, y en un contexto discreto terminó controlando el partido sin sobresaltos. El 2 a 0 trajo calma y mejores decisiones, aunque lejos del arco rival y con apariciones esporádicas de sus nombres más destacados: Ascacibar, en pasajes del primer tiempo y sobre el cierre; Zeballos, en la acción de gol cuando el partido no ofrecía demasiado; Blanco, con sus trepadas iniciales; y Romero, el ingreso que cambió la tónica ofensiva, aunque fuera de ritmo y visiblemente ahogado tras los primeros esfuerzos. El aplauso del final tuvo más de premiación por el resultado que de felicitación por el juego, que nunca terminó de aparecer. En los números, Boca sumó su séptimo triunfo en casa en ocho partidos del ciclo Ubeda, un triunfo que también le dio aire a un entrenador que precisaba ganar para fortalecer su ciclo. El equipo, como reconoció Juan Román Riquelme, todavía está en deuda con el hincha. Y mientras sigue en la búsqueda de refuerzos, al menos volvió a sonreír como local. La Copa Libertadores, por fortuna, aún sigue demasiado lejos. Tan lejos como el funcionamiento de un equipo que sigue sin encontrarse y al que, por ahora, sostienen los resultados, y la expectativa, todavía etérea, que genera las caras nuevas.

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