La Justicia de Córdoba condenó al Colegio Cristo Rey, ubicado en el barrio General Bustos, a indemnizar a una alumna que sufrió graves quemaduras durante un experimento escolar en septiembre de 2022.
La joven participaba junto a sus compañeros de una práctica conocida como “la serpiente del faraón”, que requiere el uso de sustancias inflamables. Durante la actividad, otra estudiante agregó alcohol a una mezcla y provocó una deflagración que alcanzó directamente a la adolescente.
Las lesiones fueron de extrema gravedad. La chica permaneció 78 días internada en terapia intensiva y debió someterse a 33 intervenciones quirúrgicas, que incluyeron limpiezas, ablaciones y autoinjertos de piel. Recibió el alta a fines de noviembre de ese año, pero quedó con una incapacidad psicofísica permanente.
Por qué condenaron al colegio
El fallo fue dictado por el Juzgado en lo Civil y Comercial de 51° Nominación de Córdoba, a cargo del juez Gustavo A. Massano.
Durante el proceso, la institución intentó desligarse de responsabilidad al argumentar que el accidente había sido provocado por la conducta de otra alumna. La aseguradora, por su parte, sostuvo que se trató de un hecho imprevisible o inevitable.

Sin embargo, el magistrado rechazó ambas defensas. Consideró que los estudiantes no son terceros ajenos al establecimiento y que la escuela tiene el deber de garantizar su seguridad mientras participan de actividades bajo su supervisión.
El juez también señaló que la manipulación de alcohol y fuego constituye una actividad riesgosa y que las posibles conductas imprudentes de los adolescentes deben ser contempladas al organizar este tipo de prácticas.
Las fallas de seguridad que detectaron
Las pericias técnicas en higiene y seguridad fueron determinantes para establecer las responsabilidades. Según los informes, el laboratorio no contaba con elementos básicos de protección ni con las medidas preventivas necesarias para realizar el experimento.
Además, se detectó que el colegio no había aplicado correctamente su propio manual de seguridad.
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Otro de los puntos cuestionados fue la supervisión: una sola docente estaba a cargo de varios grupos que realizaban la práctica simultáneamente, sin ayudantes de laboratorio ni una revisión previa de los recipientes con alcohol utilizados por los alumnos.
Para el magistrado, estas deficiencias demostraron que el establecimiento no había tomado las precauciones necesarias para evitar un accidente de semejante gravedad.
