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El milagro que convirtió a Ceferino Namuncurá en beato: una mujer se curó de un cáncer inoperable tras pedir su intercesión

02/10/2026


El viento del sur sopla con fuerza sobre la meseta rionegrina, pero no logra enfriar la calidez que se respira en Chimpay. Cada agosto, esta pequeña localidad del Valle Medio se transforma en el corazón palpitante de una devoción que trasciende fronteras. Vine hasta aquí para recorrer la tierra natal de Ceferino Namuncurá en pleno festival de su natalicio, en un paisaje donde el polvo de la estepa y las aguas del Río Negro se cruzan con la fe ciega de miles de peregrinos.

El ambiente en el Parque Santuario es sobrecogedor. Banderas, ponchos, imágenes talladas en madera y el aroma a tortas fritas acompañan a familias enteras que llegan a pie, a caballo o en caravanas desde los rincones más alejados del país. Entre el murmullo de las oraciones y el andar pausado de la multitud, las historias de fe emergen con la naturalidad de quien habla de un amigo cercano.

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—Yo no tenía esperanzas, mi hijo nació con un problema pulmonar severo —me cuenta con voz quebrada y ojos húmedos Mario, un agricultor llegado desde General Roca—. Nos encomendamos al “Santito de la Patagonia” en esta misma plaza hace tres años. Hoy mi chico corre entre los álamos como si nada hubiera pasado.

El cardinal Tarcisio Bertone junto a la estatua de Ceferino Namuncurá. (Foto: AFP)
El cardinal Tarcisio Bertone junto a la estatua de Ceferino Namuncurá. (Foto: AFP)

Casos como el de Mario se multiplican en cada rincón del predio. Testimonios de diagnósticos revertidos, gracias recibidas en momentos de extrema vulnerabilidad y promesas cumplidas se entrelazan en una trama invisible pero poderosa. Ceferino, aquel joven mapuche que soñaba con ser sacerdote para ayudar a su gente antes de que la tuberculosis apagara su vida a los 18 años en Roma, sigue intercediendo por su pueblo con la fuerza de un gigante espiritual.

La chispa que encendió la beatificación

Para entender la dimensión médica y espiritual que llevó a Ceferino a los altares en 2007, mi recorrido debió continuar a más de mil kilómetros al norte. Unos días después de la conmovedora jornada en Chimpay, viajé a Alta Gracia, en la provincia de Córdoba, para encontrarme con la protagonista del milagro que la Santa Sede validó oficialmente.

Valeria Herrera me recibe en su casa con una serenidad que conmueve. En el año 2000, con apenas 24 años, atravesaba un diagnóstico devastador: un cáncer de útero agresivo e inoperable. La medicina tradicional había agotado sus recursos y las expectativas de vida eran drásticamente reducidas.

—Estaba devastada, pero la familia de mi esposo jamás perdió la fe— relata Valeria mientras sostiene entre sus manos una estampa ya gastada por los años—. Me entregaron una imagen de Ceferino y comenzamos a rezarle una novena con una devoción absoluta, pidiéndole que intercediera por mí.

Ceferino Namuncurá falleció a sus 18 años a causa de una tuberculosis. (Foto: AFP)
Ceferino Namuncurá falleció a sus 18 años a causa de una tuberculosis. (Foto: AFP)

Lo que ocurrió semanas después dejó perplejos a los oncólogos. Las evaluaciones posteriores revelaron una remisión total e inexplicable del tumor. La curación, completa y permanente, no encontró explicación científica alguna. Tras un riguroso análisis por parte de la consulta médica de la Congregación para las Causas de los Santos en el Vaticano, el caso fue dictaminado como incomprensible para la ciencia, pavimentando el camino para que el Papa Benedicto XVI aprobara el decreto de beatificación.

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—Ceferino no solo me devolvió la salud, me dio una segunda oportunidad de vida para testimoniar que los milagros existen —afirmó Valeria con una sonrisa radiante.

De regreso tras este viaje por el mapa de la fe argentina, queda la certeza de que el “Lirio de la Patagonia” no pertenece al pasado ni a los libros de historia. En la inmensidad del suelo rionegrino y en la quietud de las sierras cordobesas, la devoción por Ceferino Namuncurá permanece intacta: un puente de esperanza tendido entre la tierra ancestral y el cielo.



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