Adoptar un perro implica mucho más que sumar una mascota a la familia: es una decisión que requiere compromiso y responsabilidad. Así lo planteó el educador canino Hugo Fernández, quien advirtió que antes de dar el paso es fundamental conocer las necesidades del animal y estar dispuesto a cubrirlas en todas las etapas de su vida.
Entre los puntos clave, Fernández destacó la importancia de los paseos diarios, que permitan al perro explorar y olfatear el entorno, así como la necesidad de que cuente con un espacio propio y tranquilidad en el hogar. “La convivencia empieza en la primera toma de decisión: qué animal me llevo a casa. Lo primero es investigar, y lo segundo, hacerlo acompañado de un profesional”, recomendó.
El especialista remarcó que la personalidad de cada perro está influida por su raza, su edad y las experiencias previas, pero que ningún factor es determinante por sí solo. “Muchas veces elegimos por tamaño o aspecto, pero hay que informarse bien sobre la raza o cruces de razas. Un perro pequeño puede ser muy activo, como el Jack Russell, que es incombustible y súper tenaz”, ejemplificó.
Raza, edad y personalidad: qué pesa más en el comportamiento
Un estudio realizado en Estados Unidos sobre más de 2.100 perros, tanto de raza pura como mestizos, reveló que la raza explica apenas el 9% de la variación en el comportamiento individual.
Según la investigadora Elinor Karlsson, “la mayoría de los comportamientos que consideramos característicos de las razas modernas son el resultado de miles de años de evolución, desde el lobo hasta el perro doméstico actual”. Sin embargo, incluso dentro de una misma raza, existen grandes diferencias de personalidad.

La edad también juega un papel fundamental. Fernández explicó que cada etapa tiene sus propios desafíos: “Si se trata de un cachorro, es una etapa trascendental que requiere mucho tiempo y contacto con otros perros equilibrados emocionalmente. Pero también hay que pensar en los desafíos que implica”.
El educador también alentó a considerar la adopción de perros adultos o mayores, ya que suelen tener una personalidad definida y pueden adaptarse muy bien a un nuevo hogar.
La adaptación: paciencia y respeto por los tiempos del animal
Fernández subrayó que la paciencia es esencial durante el proceso de adaptación. “No hay que tener apuro. Cada perro tiene su propia personalidad y una forma distinta de relacionarse con las personas y el entorno”, señaló.
Por eso, recomendó visitar al animal en la protectora antes de adoptarlo, pasear con él y, una vez en casa, permitirle explorar a su ritmo, sin forzarlo.
El educador aconsejó que la llegada al hogar sea progresiva y natural: “Que el perro explore tranquilamente, sin forzarlo. Me gusta que tenga independencia y que decida cuándo, dónde y cómo, sin prisas”.
Además, sugirió que antes de entrar a la vivienda es útil pasear por el barrio para que el animal pueda familiarizarse con el entorno.
¿Un perro puede vivir bien en un departamento?
Sobre la clásica duda de si un perro puede tener una vida plena en un departamento, Fernández fue claro: “Para mí, rotundamente sí, pero con un ‘pero’: la persona necesita dedicarle tiempo”.
El especialista explicó que el bienestar del animal depende de que tenga sus necesidades cubiertas: paseos diarios, interacción con otros perros no agresivos, alimentación adecuada y un vínculo de confianza con su familia humana.
“Un perro no tiene por qué estar mal por dormir en un piso si tiene la posibilidad de salir a diario, si recibe comida natural adecuada a su estilo de vida y si está acompañado por alguien que no lo intimida ni le causa miedo”, concluyó Fernández.
