Una startup biotecnológica nacida en Tucumán desarrolló un bioconservante de origen biológico pensado para extender la vida útil de los alimentos y reducir las pérdidas asociadas al deterioro microbiológico.
El proyecto pertenece a Bioblends, una empresa fundada por científicas egresadas de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Su tecnología se basa en compuestos volátiles obtenidos mediante procesos de fermentación bacteriana que actúan dentro del envase y, según sus desarrolladoras, no quedan incorporados al alimento una vez abierto.
La iniciativa apunta a uno de los grandes desafíos de la industria alimentaria: disminuir las pérdidas y el desperdicio. De acuerdo con datos actuales de la FAO, alrededor del 13,2 % de los alimentos se pierde entre la cosecha y la etapa previa al comercio minorista, mientras que otro 19 % se desperdicia en comercios, servicios de comidas y hogares.
Cómo funciona el bioconservante
La innovación se basa en compuestos producidos a partir de fermentación bacteriana. Según explicó Laura Tórtora, cofundadora de Bioblends, el producto permanece en estado líquido dentro de su envase primario y, al ser aplicado, se volatiliza dentro del espacio que rodea al alimento.
“Estos compuestos ejercen su acción dentro del envase, atraviesan el alimento y cuando uno abre el envase, los compuestos se escapan al aire y no se consumen, no dejan rastros en los alimentos”, explicó Tórtora a La Gaceta.
El objetivo es controlar microorganismos responsables del deterioro sin incorporar directamente un conservante a la formulación del alimento.
De acuerdo con la información brindada por el equipo, realizaron además estudios mediante cromatografía gaseosa para evaluar la presencia de residuos después del uso. La eventual clasificación regulatoria del producto, tanto en la Argentina como en otros mercados, todavía depende de los organismos correspondientes.
Las primeras pruebas se hicieron en panificados
El primer campo de aplicación elegido fue la industria de la panificación, donde el crecimiento de hongos es una de las principales causas de pérdida de producto. Según Tórtora, en las pruebas realizadas lograron controlar el crecimiento de hongos en pan de molde durante más de 67 días en condiciones normales de almacenamiento.
Ese resultado corresponde a ensayos informados por la propia empresa y no equivale todavía a una validación general para todos los alimentos o condiciones de almacenamiento.
A partir de estas primeras experiencias, el equipo comenzó también a evaluar la tecnología en productos cárnicos, con el objetivo de estudiar si el mismo principio puede aplicarse a otras matrices alimentarias.
La reducción de pérdidas de alimentos tiene además una dimensión ambiental. Según la FAO, las pérdidas y el desperdicio generan entre el 8 y el 10 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, además de implicar un uso innecesario de agua, energía, suelo y otros recursos.
Ciencia desarrollada desde Tucumán
El equipo fundador está integrado por tres científicas formadas en Ciencias Biológicas y Biotecnología en la Universidad Nacional de Tucumán, junto con profesionales vinculados al desarrollo técnico y empresarial del proyecto.
Para Tórtora, la formación científica disponible en la provincia fue uno de los elementos que permitió avanzar con el desarrollo.
El proyecto representa un ejemplo de cómo conocimientos generados en universidades y laboratorios pueden trasladarse hacia soluciones aplicadas a problemas concretos de la industria alimentaria.
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Todavía quedan etapas regulatorias, industriales y de validación por delante, pero la propuesta abre una línea de investigación relevante: utilizar procesos biológicos para prolongar la conservación de alimentos sin depender exclusivamente de conservantes sintéticos.
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