Este 22 de junio, el mundo de la paleontología se vio sacudido por un hallazgo: un grupo de investigadores publicó un estudio sobre un molusco de agua dulce de más de 125 millones de años que tenía crías y larvas en su interior.
Se trata de un ejemplar que pertenece a la especie Margaritifera valdensis, un bivalvo relacionado con los mejillones de agua dulce de la actualidad. El fósil fue encontrado en la Isla de Wight, en el Reino Unido. Esta zona es conocida por tener una gran cantidad de restos del período Cretácico.
Por qué este descubrimiento sorprendió a los científicos
El aspecto más llamativo de la publicación es que, además de la concha del animal, se conservaron tejidos blandos, branquias y hasta estructuras reproductivas. Adentro de las branquias, los científicos reconocieron embriones y larvas que quedaron fosilizados en distintas etapas de su desarrollo.

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Este detalle demuestra que estos animales protegían a sus crías adentro de su cuerpo incluso durante la era de los dinosaurios. Por esta razón, los investigadores consideran el hallazgo como la evidencia más antigua conocida de cuidado maternal en moluscos.
Entre los elementos más importantes del hallazgo aparecen:
- embriones conservados dentro del cuerpo del animal;
- larvas preservadas en las branquias;
- tejidos blandos fosilizados, algo muy poco frecuente;
- señales de estructuras usadas para incubar a las crías;
- restos minerales que habrían ayudado al desarrollo de sus pequeñas conchas.
Qué revela el fósil de 125.000.000 de años
De acuerdo con los científicos, este descubrimiento es fundamental para comprender cómo los moluscos se adaptaron a los ríos y lagos millones de años atrás. En la actualidad, las larvas de especies similares se desarrollan adentro de la madre y más tarde se adhieren a peces para completar una parte de su ciclo de vida.
Mediante el descubrimiento, fue posible llegar a la conclusión de que esta estrategia reproductiva ya existía en el Cretácico, mucho antes de lo que se había comprobado con el registro fósil existente.
Así, además de ser un hallazgo clave por la información que aporta sobre una especie ya extinta, el fósil permite comprender cómo evolucionaron los comportamientos de protección y reproducción en animales de agua dulce. La investigación permite tener un pantallazo de cómo vivían estos organismos durante la era en la que convivieron con los dinosaurios.
