Las chicas juegan a las muñecas. Es difícil de cambiar ese dogma, que funcionó durante mucho tiempo como barrera de entrada a las mujeres que querían jugar al rugby, un deporte que en ninguna de sus reglas especifica que el deporte es para un género en particular. Mattel, la empresa creadora de las “Barbies”, probablemente haya sido también quien empujó fuertemente para instalar aquella idea. Pero a la presión cultural que hace ya muchos años empezó a criticar a Mattel por vender un ideal poco realista sobre el cuerpo femenino se le sumó otra realidad: una gran caída en ventas. En los últimos años el tiempo frente a las pantallas le está ganando al uso de juguetes. Y las muñecas también lo sufrieron. La creatividad surge siempre de una necesidad. Defensas y evoluciónUna sola diferencia puede hacer una gran diferencia. Puede crear algo nuevo. El ejemplo de Webb Ellis, cuando jugando al fútbol eligió tomarla con las manos y correr puede ser uno. Dicen que en esa época el fútbol no tenía reglas unificadas y había lugares en Inglaterra donde valía tomarla con la mano y otros donde estaba prohibido. Las reglas generan un contexto y dentro de él hace falta creatividad para lograr el objetivo básico del juego. En el rugby el mismo juego se va complejizando tanto que continuamente World Rugby tiene que revisar las reglas para que el espíritu de juego, que busca la continuidad y la fluidez no se pierda. Las reglas jamás se escriben en piedra. Y nos permitimos cambiarlas, como un ejercicio de flexibilidad cognitiva en comunidad.A comienzos de este siglo, por ejemplo, la preparación física empezó a tener cada vez más una presencia preponderante. Más entrenamiento de fuerza, más acondicionamiento dieron como resultado jugadores más resistentes y potentes. Eso se vio reflejado primero en las defensas. Inglaterra, entrenado por Clive Woodward.Woodward hizo el camino inverso como entrenador profesional. Su origen era el mundo corporativo en vez de su destino posterior al rugby. Y fue ahí, en un ambiente súper competitivo, que construyó su filosofía de altísima exigencia que finalmente llevó a Inglaterra a ganar su único Mundial. Dentro de sus ideas estaba la de entrenar a los jugadores para tomar decisiones bajo presión. Y para lograrlo estuvieron trabajando junto a los Navy Seals, principal fuerza de operaciones especiales de la Armada de los Estados Unidos, especializada en misiones no convencionales, de reconocimiento y acción directa en mar, aire y tierra.Nike entendió perfecto el pedido de hacer la ropa más liviana (hasta un 40%) y ajustada para evitar ser agarrados por los rivales por pedido del detallista Woodward. Esa innovación, que es una táctica también, le permitió sacar diferencia frente a los equipos que todavía usaban camisetas pesadas que parecían carpas. Un obstáculo menos para llegar al objetivo final: ganar un Mundial. Seguramente la marca vendió más camisetas, como probablemente Mattel venda alguna que otra muñeca, y de paso contribuyó a llevar al deporte a otro nivel.Esa exigencia de las nuevas murallas del rugby llamadas “Paredes defensivas” se volvieron por un tiempo el motivo de conversación del juego. Empezamos a contar tackles. Y esos tackles devinieron en definiciones como positivos, neutros y negativos. Surgieron nuevos tipos de estadísticas. “¿Y el ataque?”, preguntamos. Porque si hay algo que distingue a este juego es la belleza del juego vertiginoso y de pases, de quiebres y de tries. No nos saquen los tries, pensamos.Entonces llegó la era de las destrezas.Ahí fue cuando conocí a Mick Byrne. Mick es un australiano que había jugado Aussie Rules, un deporte puramente australiano, al cual para describir torpemente puedo decir que es rugby y fútbol al mismo tiempo y los participantes son súper atletas. Nunca jugó al rugby, pero tiene la ventaja de comprender al cuerpo humano y al movimiento mejor que nadie. Byrne veía en el AFL (futbol australiano) y el rugby League (primo hermano del rugby) movimientos, técnicas de recepción y patrones de ataque que el rugby union no había explorado, y su trabajo consistía en traducirlos al nuevo contexto.En un campamento para jugadores y entrenadores que duró una semana en Uspallata, Mendoza, en el año 2015, pasé horas hablando con él tratando de comprender los secretos de los All Blacks. Byrne era uno de los responsables de que los hombres de negro, bicampeones del mundo, fueran los mejores ejecutando con y sin pelota bajo presión. Su técnica era infalible. Un ejemplo es la posesión de pelota durante mas de un minuto cuando estaban a poco de perder un largo invicto contra Irlanda, en Dublín. Los nervios jamás dominaron al equipo que entrenaba Steve Hansen y tenía al hombre que me contaba cómo investigaba continuamente nuevas formas de innovar en la técnica y la performance.Búsqueda de la victoriaLas organizaciones que se destacan por sobre otras son aquellas que están abiertas a innovar y funcionan como antenas que captan y traducen lo que está fuera de los bordes, pero puede servir para mejorar lo que hacen. Los All Blacks lo tenían a Byrne, que lejos de quedarse cómodo con lo que sabía, se la pasaba viajando a otros países para aprender nuevas formas de movimiento de otros deportes. Había estado semanas con equipos de fútbol americano, de básquetbol, incluso de natación, intercambiando ideas y estudiando sobre el movimiento para llevarlas de vuelta a su trabajo con los All Blacks. ¿Una nueva forma de jugar?Nicolás Pimentel, un experto en innovación con el que vengo conversando sobre creatividad, dice que el que está tan obsesionado con una idea a veces se parece más a Gollum, el monstruo atormentado de “El señor de los anillos” , que está enamorado de un simple anillo y vive con miedo de perderlo. El rugby femenino no tiene dogmas heredados como el masculino. No está aferrado a ideas de cómo hay que jugar, lo cual puede ser una ventaja. Confieso que mi relación con el rugby femenino es bastante limitada. Alguna vez comenté en ESPN partidos por la Copa del Mundo. Cuando veo el circuito mundial de Seven me gusta ver a las neozelandesas y australianas, que juegan a una velocidad y con una continuidad muy interesantes. En Argentina, el rugby femenino todavía está muy lejos del desarrollo que tiene en Gran Bretaña Francia, Australia o Nueva Zelanda, que vienen trabajando fuerte en la formación de jugadoras con programas similares al del rugby masculino. Tal es así que las mentes más inteligentes del deporte de hombres, como Wayne Smith y John Mitchell (ex entrenadores de los All Blacks), fueron parte de procesos con equipos femeninos. Smith, con las Black Ferns campeonas del mundo en 2022, y Mitchell, con las Red Roses en 2025.De todas formas, tras 25 años de trabajo arduo, las Yaguaretés ya empiezan a tener visibilidad habiendo ganado los últimos tres torneos sudamericanos y, además, logrando la clasificación al Circuito Mundial. Recientemente grabamos un programa para “Leyendas del rugby” justamente sobre las Yaguaretés y hablando con su entrenador, Nahuel García, le pregunté qué pensaba sobre la posibilidad de que aparezcan nuevas formas nuevas de jugar en el rugby femenino. Lo hice porque creo que el rugby masculino está a veces sesgado por dogmas propios, desde la táctica hasta la manera de conversar sobre el juego porque quizá en el femenino, al ser más nuevo, puede no suceder lo mismo. Nahuel García me contó que algo que le llama la atención es que mayormente en el rugby femenino las jugadoras no tienden a ir al contacto, sino que más bien siempre buscan la evasión y por lo tanto la continuidad directa, es decir menos intención de frenar el juego con rucks y más voluntad de mantener la pelota viva y en movimiento.Si el juego que es una entidad viva creada por seres vivos en permanente cambio, entonces no tiene sentido enamorarse demasiado de una idea de cómo debe ser.El rugby como motor creativoAnte la falta de ventas apareció una necesidad. Por eso, los creativos de Mattel tuvieron una idea: acercarse al rugby. Un estudio de Mattel reveló que una de cada tres niñas abandona el deporte antes de los 14 años, principalmente por falta de confianza corporal y ausencia de referentes femeninos visibles. Y ahí vieron una oportunidad de dejar de ser barrera para ser puente. Mattel anunció que en 2026 saldrá a la venta la colección “Team Barbie”. Para hacerlo convocó a lona Maher (EE.UU.), medallista olímpica y defensora de la positividad corporal; Ellie Kildunne (Reino Unido), jugadora clave de las Red Roses de Inglaterra; Portia Woodman-Wickliffe (Nueva Zelanda), doble campeona olímpica y mundial; y Nassira Konde (Francia), medallista olímpica conocida por su promoción de la inclusión.Con el anuncio del lanzamiento de “Team Barbie”, Mattel también anunció que lo recaudado iría a parar a programas que fomenten la participación de niñas en el deporte. El rugby, en sí mismo, puede funcionar como una organización antena. De hecho, estoy convencido de que esa es su auténtica naturaleza.Probablemente no veamos Barbies de las Yaguaretés. No creo que alguien sufra por eso. Pero si llegan a existir, que sea para que haya más gente jugando al rugby.
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La naturaleza del rugby femenino y su función como modo creativo: menos rucks, más pelota viva
15/04/2026
