Un perro que durante años corría hacia la puerta puede empezar a levantarse más despacio, dormir durante más horas o necesitar más tiempo para subir al sofá.
Estos cambios forman parte del envejecimiento, pero no significan necesariamente que haya perdido las ganas de disfrutar. Para Juan Manuel Liquindoli, psicólogo, máster en Etología Clínica y adiestrador canino, la clave está en adaptar las actividades a esta nueva etapa.
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El especialista explica que un perro mayor no necesita dejar de hacer cosas, sino encontrar nuevas formas de mantenerse activo sin exigirle esfuerzos que ya no puede realizar.
Cómo adaptar las actividades de un perro mayor
- Paseos tranquilos: permitir que avance a su propio ritmo y se detenga para olfatear.
- Juegos de búsqueda: esconder comida o juguetes en lugares accesibles para estimular el olfato.
- Estimulación mental: proponer desafíos sencillos que pueda resolver sin frustrarse.
- Descansos: alternar los momentos de actividad con pausas y respetar sus tiempos.
- Rutinas conocidas: mantener cierta previsibilidad para que se sienta seguro.
Uno de los puntos en los que más insiste Liquindoli es en adaptar los paseos. Una caminata larga y rápida puede resultar demasiado exigente para un animal mayor.
En cambio, una salida más corta, en la que pueda detenerse y olfatear, puede ofrecerle una experiencia mucho más estimulante.
El olfato es una de las principales herramientas que tienen los perros para explorar el entorno. Por eso, permitirles investigar los olores durante un paseo también es una manera de mantenerlos activos.

Otra alternativa son los juegos de búsqueda dentro de casa. Esconder pequeñas cantidades de comida en lugares accesibles permite trabajar el olfato sin obligarlo a saltar o realizar movimientos bruscos.
El especialista también recomienda prestar atención al entorno. Si al perro le cuesta subir escaleras, caminar sobre determinados pisos o llegar hasta su lugar de descanso, conviene facilitarle esas tareas.
Pequeños cambios pueden evitar esfuerzos innecesarios y hacer que continúe utilizando los espacios de la casa con mayor comodidad.
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Pero adaptar las actividades no significa dejar de observar su comportamiento. Algunos cambios atribuidos a la edad pueden estar relacionados con dolor, enfermedades o alteraciones cognitivas.
Si aparecen modificaciones repentinas en la conducta, desorientación, irritabilidad, problemas para dormir o una pérdida marcada de movilidad, es importante consultar con un veterinario.
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