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Independiente se convirtió en un equipo optimista: le ganó a Defensa y Justicia 3-1 y apunta cada día más alto

19/04/2026



Independiente quiere, busca, ataca. Lo que no es poco. Se le caen las medias de a ratos, sobre todo cuando siente que algo malo puede pasar. Se tropieza y se levanta, casi inmediatamente. Y va. Va, va, va. Es un equipo optimista, que cae en la trampa del pesimismo sólo cuando pierde la brújula. Arriba, presiona, entusiasma. Abajo, inquieta, preocupa. Y en el medio, un viejo caudillo. El patrón. Iván Marcone, el jugador-hincha, va a cumplir 36 años el próximo 3 de junio. Las pasó todas. Y ahora, se convirtió en el símbolo de la experiencia. Juega, quita, manda. Ordena. Se tira al piso en el final del partido, cuando la pelota quema. En un equipo que ilusiona solo de a ráfagas, es el motor de la esperanza. Ahora sí, acomodado algo mejor en el Grupo A, Independiente debe empezar a liberarse. Defensa y Justicia fue un rival limitado. Ordenado, audaz y previsible. Duró un suspiro (en el arranque, en el final) el entusiasmo del Halcón. Independiente se dio cuenta justo a tiempo. A los 3 minutos, en un contraataque eficaz, el remate de Alan Coria chocó con el brazo izquierdo de Lomónaco. La distancia era mínima, pero clara: fue penal, que Sebastián Martínez no consideró, pero el VAR lo llamó inmediatamente. A los 7 minutos, Aaron Molinas abrió el marcador. Toda una curiosidad: el Rojo sufrió tres penales en serie, Racing (Maravilla Martínez la tiró a la tribuna), Boca (convirtió Milton Giménez) y este tiro, de Defensa.Independiente respondió del mismo modo ocho minutos después, con un penal que convirtió Avalos, luego de una infantil infracción de Ayrton Portillo sobre Maximiliano Gutiérrez, delantero chileno, hábil, pícaro y de 21 años. Justamente, el atacante desniveló un rato más tarde, cuando el Rojo dominaba en todos los sectores, menos en el área rival. Un disparo al primer palo sorprendió a Cristopher Fiermarín, cómplice del grito rival. A esa altura, era todo rojo: la gente, puro aliento y el equipo, preparado para un festín.Ya transcurrió la mitad del mes de abril y el Rojo sigue en una plena etapa de construcción. Tiene buenas intenciones en ataque, suele sufrir en las zonas bajas. A veces, se sostiene con Marcone, a veces, lo rescatan los goles de Avalos. De vez en cuando, Montiel tira unas migas de magia. Rey no ofrece garantías mayúsculas y Lomónaco, antes mariscal, ahora es un defensor con algunos contratiempos.El triunfo contra Racing fue celebrado como un título y el empate con Boca le dejó gusto a poco, más allá de que se jugó en la Bombonera y sufrió un penal controvertido de VAR. Sin competencia internacional como sus colegas poderosos y con un título local que se posterga desde 2002, Independiente juega con la presión de su magnífica historia.No siempre es fácil. “A algunos jugadores les pesa en determinados momentos. Anímicamente está pesado el tema: la presión de ganar y jugar bien y tratar de conseguir algo importante, que es lo que nos propusimos este año, hace que por momentos tengamos buenos rendimientos y por momentos no. Tenemos que llevar a cabo durante todo el partido jugar de una determinada manera y tratar de evitar tener errores”, contaba Gustavo Quinteros, el entrenador, días atrás.Es un tema interesante: jugar por lo propio, por la brutalidad del presente, sin olvidarse de las vitrinas que los cobijan. El Rojo va, intenta. “Eso genera una situación anímica difícil de llevar y a algunos les pesa en algunos momentos. Pero lo hablé con los jugadores: la única manera de salir es jugar de esta manera todos los partidos, no darles la posibilidad a los rivales de que, por un error nuestro, nos conviertan”, sostiene el DT, que dirige cada partido como si fuera a examen. En los minutos finales, tal vez sin darse cuenta, acaso porque no se siente del todo seguro, Independiente se retrasó algunos metros. Defensa tuvo la pelota, pero las buenas ideas se quedaron estancadas durante los primeros capítulos del torneo. Lo mejor del partido“Movete Rojo, movete”, cantaba la gente, a los 19 minutos de la etapa final. El equipo de Avellaneda pasó de un ataque furioso para transformar una derrota (desde los tres minutos) en una victoria eufórica, a una actitud pasiva, como si le pesaran las piernas. A poco del cierre, sin embargo, tuvo una clara oportunidad de acabar con el suspenso, con una media vuelta y un zurdazo de Avalos, que chocó con un poste. Fue lo último del goleador del Apertura, con 8 gritos en 13 partidos. Desatado el Halcón, lo definió Lautaro Millán en el descuento, tras una muy buena jugada y asistencia del ingresado Tempone. Y fue un festín el cierre de la noche, verdadermente. El Rojo está de pie.

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