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Fabricar para su hijo un tractor que su papá usó de niño lo llevó a dejar el trabajo y vender al exterior: “Mi abuelo era un ingeniero sin título”

15/09/2026



Oscar Solís (43) es ingeniero mecánico, trabajaba en una empresa cuando en la pandemia les indicaron a todos que fueran a sus casas. Las dos primeras semanas fueron como vacaciones, a la tercera semana Oscar, que es muy inquieto, ya no sabía qué hacer. Entonces se fue al taller que tiene al fondo de su casa y, aburrido, ordenó las cajas y con los materiales que tenía empezó a construir un tractorcito para su hijo de cuatro años. Su abuelo Tito le había construido hacía 60 años el mismo tractor a su hijo y Oscar lo usaba cuando era chico. En pandemia decidió repetir la historia, en cierta manera fue un homenaje a su abuelo.“Mi abuelo era un ingeniero sin título”El abuelo Tito, que falleció en el año 2015, fabricó su primer auto de carrera cuando tenía 18 años. El papá de Oscar corría, su tío también. “De toda la vida somos fierreros, así que me crié en el taller con todo eso, para mí era más de lo mismo, aparte me gusta crear cosas a escala para los chicos”, cuenta Oscar que vive de lo que hace con la naturalidad de quien creció rodeado de autopartes. Su abuelo no terminó el secundario, solo cursó hasta sexto grado, “y te puedo asegurar que era un ingeniero sin título, era muy autodidacta, muy inteligente, le encantaba. Lo único que mi abuelo no supo hacer es venderse él, pero tampoco lo quería hacer, todo lo que hacía de maquinaria era para él”, relata su nieto con mucho orgullo. Cuenta que su abuelo Tito también se fabricó su primer auto de calle y una camioneta. Aquel tractor que hizo para sus dos hijos fue para el desfile de la fiesta patronal del pueblo. El tractor sigue intacto, tuvieron que reacondicionar las gomas y otras partes que eran de hace sesenta años, pero lo tienen en el taller y lo están restaurando para que quede en exhibición. Oscar vive en Perico, en el interior de Jujuy, en una zona agrícola y por eso empezó fabricando tractores. “Yo particularmente soy fanático de los autos, corrí con karting toda mi vida. Ahora ya le damos más importancia y calidad a los autos que a los tractores”, admite. Oscar siempre respondía lo mismo: “No fabrico”Cuando Oscar terminó de fabricar el tractor para su hijo subió una foto al estado de WhatsApp y un amigo de él, que ya es abuelo, le pidió si le podía fabricar uno para su nieto, después se lo pidió otro amigo y en una tarde tenía diez pedidos, pero a medida de que llegaban los mensajes Oscar respondía siempre lo mismo: “No fabrico”. Pero el aburrimiento de estar en su casa sin poder salir a trabajar por la pandemia, y el amor heredado de su árbol genealógico por la construcción de automóviles lo decidió a animarse a construir para otra persona y armar sin saberlo, en el patio de su casa, su propia empresa. “No quiero que suene mal pero para mí la pandemia fue una bendición porque me dio el tiempo para empezar esto que yo nunca lo hubiese empezado. Por una cosa o por otra nunca me alcanzaba el tiempo”, se sincera Oscar. En dos meses terminó de crear el tractor para su hijo. “Lo usaba de psicólogo al taller, cuando estaba medio loco me iba para ahí. Y así lo hacía tranquilo, iba viendo, probando, nunca había hecho algo así para chicos. Entonces me iba con mis dos hijitos al fondo y trabajábamos juntos pero sin intención de vender nada. Era para divertirme entre nosotros”, asegura Oscar. “Lo que más disfruto es que llego al taller, está mi papá, viene mi hijito”Después de las primeras ventas empezó a tomar forma de emprendimiento pero como no podía contratar empleados lo empezó a ayudar un vecino que iba a una escuela técnica. Cuando se levantaron las restricciones de la pandemia lo llamaron para que volviera al trabajo. Pero Oscar fue, renunció y se volvió a su casa. “De pasar de trabajar en un lugar que no me gustaba, que era un suplicio para mí, pasé a jugar todos los días, es un cambio muy grande”, admite Oscar con felicidad y sin poder creer aún todo lo que está viviendo. Además de la ayuda del estudiante, su papá Oscar, que se jubiló y vive en otro pueblo a 200 kilómetros, empezó a visitarlo y ayudarlo porque su hijo ya no daba abasto. Su padre va por quince días, visita a sus nietos, trabaja con él en el taller, el sueño familiar cumplido. “A él le gusta todo esto, le encantan los juguetes, así que lo salvo mucho de la depresión de no poder trabajar”, admite su hijo. Su papá disfruta de los desafíos que conlleva este tipo de creaciones. Son horas de diseño para ir achicando el tamaño de un vehículo para que pueda entrar un chico. “Poder trabajar con él, que siempre me llevé bien pero al irme a vivir a otra ciudad dejamos de frecuentarnos tanto, es un placer. Esto nos volvió a juntar. Lo que más disfruto del trabajo es que llego al taller, está mi papá, viene mi hijito, nos ayuda. Él ahora tiene diez años y tiene tanta creatividad que muchas veces nos corrige cosas porque es el que usa el producto. Entonces dice esto sí, esto es difícil o está bien. Es una pieza fundamental para nosotros en el taller”, explica Oscar hijo. “Pensaban que era una estafa”En el taller de su casa ya no se podía seguir trabajando, no había más espacio y mudaron todo a un galpón. Hace cinco meses pudieron mudarse a una fábrica en el parque industrial de Perico. Hoy continúa trabajando con su papá y también tiene empleados. Además organizaron una acción social con los chicos de la Escuela Técnica del Pueblo y de la Tecnicatura de Mecatrónica, tiene constantemente entre 8 y 10 chicos haciendo pasantías y prácticas en el taller. “Te pongo en contexto, nosotros somos del interior del interior. Es una zona agrícola donde no abundan para nada las industrias, entonces tener mano de obra calificada para lo que nosotros necesitamos casi no existe. Entonces al que veo que tiene talento y ganas me lo voy quedando como empleado”, explica.Oscar no tiene redes sociales, ni siquiera sabía lo que era Instagram cuando una prima le aconsejó abrir una cuenta para empezar a publicar sus autos. “Lo que más nos costó es cuando veían las fotos y les decíamos de dónde éramos, el 99% pensaba que era una estafa. Claro, imaginate, te digo de Perico que no sabés ni dónde queda, encima te digo que te lo entrego en 60 días y me tenés que dar un adelanto. Esa parte me costó mucho y es por eso que en las redes sociales contestamos los mensajes al toque, si me llaman atiendo para dar la credibilidad que necesita el cliente”, cuenta Oscar. Vendió autos desde Tierra del Fuego hasta el norte, la buena reputación es lo que los ayudó a seguir vendiendo. Hoy tiene 16 modelos distintos de tractores y autos. Muchos le pasan una foto del modelo que quieren, él lo diseña y lo fabrica. “Acá es todo personalizado, hacemos todo lo que el cliente quiere. Por ejemplo ahora estamos mandando un auto a Estados Unidos que nos llevó un año y medio desde el desarrollo hasta terminarlo. Es un auto que tiene detalles porque es copia fiel del original”, cuenta Oscar y aclara que hay que tener en cuenta que todo se hace a mano, no tienen máquinas. “Mucha gente cree que es un juguete pero es como diseñar un auto de verdad”Oscar tiene un hijo de diez años y otro de siete, además un sobrino de cuatro años. Ellos son los pilotos y el filtro para saber que el auto está listo para entregar. “Mucha gente cree que es un juguete, pero es como diseñar un auto de verdad y a eso le tenés que agregar que lo tiene que manejar un chico y que tiene que ser fácil y seguro”, explica. Su esposa Julieta lo ayuda con el área digital, las fotos de los productos. “Todo lo hacemos con gente del pueblo, me gusta trabajar con los chicos de acá porque nos dan prioridad y de paso los ayudamos”, dice Oscar. Al principio no sabían cómo sacar el tipo de fotos de producto que buscaban, pero de a poco los ayudaron a comprar los equipos para las fotos y a que se profesionalicen. Los modelos de las fotos son sus hijos, en los reels de las redes sociales está su hija que le encanta actuar y hablar frente a la cámara. La marca se llama OSSO, por el comienzo de su nombre y apellido, quedó entre los mejores seis por el premio al emprendedor del año. Se presentaron 250 y fue el único emprendimiento del interior del país en llegar a la final. El crecimiento sigue, Oscar y su esposa son conscientes de que están llegando al límite donde deben decidir saltar y arriesgarse para seguir creciendo. Está la posibilidad de montar una segunda fábrica en Paraguay y armar un equipo de gente de confianza. “Hace una semana me reuní con una persona que va a tomar la parte comercial y lo primero que le aclaré es el camino, la visión y la misión que nosotros tenemos”, asegura Oscar. Le parece buenísimo crecer en ventas pero no quiere perder el trato directo con el cliente y ese tinte familiar que los llevó hasta donde están hoy. Asegura que con muchos clientes termina formando un vínculo de amistad, ha tenido proyectos grandes de seis meses donde la charla cotidiana con el cliente, las videollamadas para ir mostrando el proceso y hacerlos partícipes en cierta forma de la construcción, es una experiencia que sabe que no se encuentra en cualquier industria.“No nos interesan los números sino la gratificación que pueda tener el cliente, que de hecho es alta y por eso nos siguen recomendando. Nos ayuda mucho más el boca a boca de nuestros propios clientes que la publicidad que podemos hacer. Eso es lo que no queremos perder”, concluye Oscar con humildad.

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